lunes, 12 de octubre de 2015

Los sueños se fueron

Fotografía: Araminta Gálvez


Se hizo nudo la luz entre las hojas
como un vientre pródigo
latiendo entre la noche.
La mesa vacía de conversaciones
se arrinconó distante de los ojos.
Llovieron tumbergias
como colibríes
a punto de salto
al abismo.
La casa dormía,
los sueños se fueron,
el reloj enmudeció de horas
e instantes.

La calma del cielo solo era aparente.

Un trueno primero
un llanto después
la muerte en puntillas
segando la vida
como margaritas,
sin tallo
y sin pálpito.



Homenaje a las personas víctimas del deslave del Cambray II.


miércoles, 15 de julio de 2015

APARICIÓN

Dibujo a lapiz. Araminta Gálvez 2015.
En el cuerpo de la mujer quedaban pocos espacios de piel sin cubrir y Nicolás no sabía dónde posar su mirada. Los tatuajes la adornaban con rosas rojas y con palabras escritas  en lenguajes desconocidos. 
Animales mitológicos aparecían por su espalda lanzando garras, colas y dientes amenazantes.
Mariposas y  libélulas azules se posaban en su pubis depilado y en el vientre levemente redondo. 
Los colores eran intensos.  Rojos, negros, azules. 
Las figuras humanas parecían habitantes naturales de su cuerpo. Proporciones perfectas, expresiones siniestras unas, calmadas otras.  Posadas sobre sus hombros, brazos y piernas. 
Frente a la mujer, el espejo multiplicaba su imagen mostrando otros ángulos, otras posibilidades.

La incomodidad había sido desplazada de los ojos de Nicolás, ahora la veía con una insistencia tan intensa como su necesidad de respirar. No deseaba parpadear y perderse un instante de ese paisaje de mujer que aparentemente indiferente a él, continuaba secándose el cabello con la secadora de mango corto, de un color metálico parecido al amarillo.
Los mechones caían sobre sus hombros como aves negras.
Sus ojos lo observaban con travesura. Lo retaban, lo invitaban a acercarse.
Se volvió hacia él y sus pechos pequeños aparecieron con la piel limpia, sin una sola mancha de tinta. Nicolás se perdió en ellos, los saboreó y los deseó con el alma entera. Pero sus pies lo traicionaron y como si tuviera un bloque de cemento, se quedó impávido, viendo cómo la mujer desaparecía tras la puerta.

martes, 9 de junio de 2015

MAS ALLÁ DE LA MIRADA

Fotografía: Araminta Gálvez


La hiedra se trepó a mis ojos como una selva imparable de espesura.

El reloj, insistente y despiadado, me desnudó del presente. 

Fluyó  la vida en la savia herida del césped pisoteado y colapsó la luz  al reconciliarse con la noche. 

Por el museo de la vida te sentí llegar. 

Serenos tus ojos se posaron en los míos y las preguntas niñas surgieron de tu boca. 

Tu risa se desató como un estallido de alegría. Y el cielo,  vertebrado de luz, se prolongó mas allá de la mirada.  

domingo, 31 de mayo de 2015

LUCIÉRNAGA GIGANTE

Retrato a lápiz por: Araminta Gálvez
La luna jugó al escondite con mis ojos.
Con ráfagas de ausencia el silencio ametralló
mi corazón.
Los claveles se posaron en mi pecho.
Rojos como la sangre del sol.
 Los pasos llegaron, 
se fueron, 
volvieron. 
Cayó la noche como una  luciérnaga gigante
y sin luz.

Cerré los ojos...

 la luna llegó.

sábado, 16 de mayo de 2015

LA VIDA

La vida se me mete por los poros
la huelo
la mastico
la hablo con mis ojos
y mis manos.
Se me embrueca por la espalda,
me violenta los instintos
eyaculo los silencios,
 luego río,
luego canto
y te miro enraizado en mis estrellas,
tu viviendo
yo viviendo
y la vida alborotada por mi cuerpo
y mi cuerpo sin tu cuerpo.
         Yo no entiendo,
¿cómo vivo?
si me hace falta tu cuerpo.

marzo de 1994

domingo, 12 de abril de 2015

EL MUERTO ESPERABA

Llovía. El reloj apresuró su marcha y una campanada puntual y metálica se desprendió de la torre de la iglesia. Olía a muerto y a sancocho de domingo. Los helados se derretían de su cucurucho de galleta y embadurnaban los dedos, las manos, los brazos y los codos de los chiquillos, que sin remilgo alguno, lamían esas vereditas de vainilla y ron con pasas. El calor era húmedo y sofocante. Los sudores y los olores no gratos de las axilas, se entremezclaban con los vahos de la tierra caliente y los perfumes de las flores cortadas para la ocasión. El muerto yacía lívido, como debía de ser, dada su situación, esperando tan solo la ceremonia para encaminarse con su cortejo a su última morada. Los vecinos  no se decidían a dejar el cobijo de su casa para encaminarse a la iglesia, sabían que esos goterones que tiraba el cielo, eran un presagio que intensificaría el calor, el sudor y los malos olores. Si tan solo el muerto no hubiera sido buena persona, si tan solo la gente no criticara por no llegar al entierro, si tan solo el muerto no hubiera tenido la ocurrencia de morirse justo ahora... El calor calcinaba y la lluvia se había ido tan intempestiva  como había llegado. Las calles seguían calladas y frente al altar, el muerto esperaba. Afuera ya no llovía.

jueves, 19 de marzo de 2015

EXABRUPTO DE ALEGRÍA

Cuando salió a la calle le fue imposible dejar atrás sus preocupaciones. El día le parecía un despilfarro de luz que se estrellaba en los tejados y  banquetas. Los automóviles corrían a gran velocidad dejando un reguero de reguetón, salsa y romanticismo de los años setenta. Todo parecía un exabrupto de alegría, pero el bullicio y ese espejismo de felicidad, no era suficiente para abstraerla de la oscuridad que llevaba dentro. Veía rostros de personas que iban y venían y la alegría y la tranquilidad que reflejaban le parecía un insulto, una agresión. 

Cada vez le era más difícil sobreponerse al dolor. El peso que sentía en su corazón le parecía un saco de renuncias. A estas alturas, el cáncer que meses atrás casi la había derrotado obligándola a maldecir incluso a Dios, ahora no parecía tener importancia. Tampoco la hipoteca de la casa, ni los números que se acumulaban en su tarjeta de crédito. De una u otra manera, esas situaciones podría solventarlas, ¿Pero cómo enfrentar la pérdida de Ramirito? Su pequeño sol, la razón para despertarse cada día a pesar de los dolores y las angustias. El único ser sobre esta tierra capaz de darle el aliento necesario para seguir. Sabía que si no encontraba a tiempo la medicina, no habría nada más que hacer.

El anuncio de neón titilaba alegremente de rojo a morado en la distancia. Unas cuadras más, pensaba. El semáforo no titiló, cambió abruptamente de amarillo a rojo y no se percató que el anuncio de neón estaba cambiando a negro.

lunes, 9 de marzo de 2015

ANIQUILADA POR LA LUNA

Fotografía: Araminta Gálvez
Parpadeo una y otra vez como una libélula apagando el sol.


Los olores de la cocina llegan a mi nariz puntuales en sabrosura.

La canela es tan fina como un violín afinado en una esquina de luz.

El azafrán me hace pensar en David, con su risa ronca y ese afán de agotar los momentos con las manos ávidas de caricias.

 Estornudo con la pimienta y simultáneamente pienso  en la noche que se escondió en uno de mis recuerdos de la infancia.

La calma está tendida afuera. Plácida en serenidad. Un grillo la alborota por momentos y el desconcierto gira noventa grados hacia el sur. La escafandra se despierta de sus profundidades de soledad y por una fracción de segundo, se imagina volando lejos del tiempo.

Estoy aniquilada por la luna, que arriba del tejado, pende redonda de mis ojos

jueves, 19 de febrero de 2015

UN DÍA DE LUZ

Fotografía: Araminta Gálvez
Lina estiró los brazos y las piernas tratando de escaparse de los fantasmas de la noche. No abrió los ojos. Sabía que el día había llegado lleno de sol, lo sentía por los rayos que atravesaba los visillos de la cortina y empezaban a calentar sus mejillas.
Los pájaros charlaban alegremente en los encinos y nogales de la vecindad.
La gente había despertado tan temprano como siempre y como autómatas, se enfrascaban en los quehaceres cotidianos.
Ella podía escuchar claramente, cómo el agua se deslizaba por los reposaderos llevando consigo un gorgoriteo de espuma y de minúsculas cascadas. Los pasos de la señora del 4 se escuchaban arriba. Con la inseguridad y la soledad de siempre. Lina los había contado muchas veces y se los sabía de memoria. Era como si la ciega fuera la del 4 y no ella. Tan exactos sus pasos siempre. Tan previsibles. Tan desolados. Y de pronto la puerta se cerraba con un golpe seco y el silencio derramado en la habitación que quedaba a oscuras, como ella.
Al lado los González se movían como si no tuvieran alma. Destrozaban el silencio sin consideración. Las ollas y sartenes parecían las armaduras de feroces contrincantes en el campo de batalla. Los olores de las frituras llegaban hasta ella alborotando su hambre. Las carcajadas y el noticiero a todo volumen hacían enmudecer a los chicharacheros pájaros de los encinos y los nogales de la vecindad. La fiesta parecía estar siempre en su apogeo, pero a las seis en punto, el tumulto se callaba y Lina con lentitud abría los ojos imaginando
un día de luz, en el que las sombras no existieran para ella.

domingo, 8 de febrero de 2015

SABINA

Fotografía de; Araminta Gálvez
El cielo se le desprendió de los ojos y no se dio cuenta del espectáculo en acuarelas que le daban la bienvenida a la noche. Le dolía el pecho. Tenía una sensación de vacío en el estómago. Un palpito inusual en el corazón y unas ganas incontrolables de cerrar los ojos para no despertar nunca más. ¿Para qué? Si el futuro no le representaba ya ningún estímulo, ningún incentivo, mas bien se había convertido en un dolor constante, un miedo a abrir los ojos y encontrarlo allí... vibrante, prometedor, incierto y cruel. El maldito destino..
.
Sabina tomo el frasco de pastillas y con lentitud las contó, colocando cada una de ellas sobre su regazo. Veintitrés en total. 

Llevaba puesta la falda azul, la que tenía salpicaduras de estrellitas blancas y minúsculas. La que le había regalado Ezequiel justo antes de de que lo atropellara el camión  <<Te regalo el cielo>> le había dicho con sus ojos de enamorado. Y luego el estruendo Y el espantoso chirriar de las llantas Y el insoportable olor a aceite quemado y a sangre fresca  y la muerte arrancándole de cuajo la vida a Ezequiel Y su cara de susto y  ternura y desesperación por dejarla tan pronto, y la muerte tan puntual y la vida tan indiferente y las pastillas en su regazo.....

Pone una a una las pastillas sobre su lengua imaginando que es una de las estrellitas de su falda. Las traga con serenidad mientras siente como se le calma el corazón y sus  ojos se cierran.

Afuera la noche sigue con su espectáculo de sombras y colores.