lunes, 9 de marzo de 2015

ANIQUILADA POR LA LUNA

Fotografía: Araminta Gálvez
Parpadeo una y otra vez como una libélula apagando el sol.


Los olores de la cocina llegan a mi nariz puntuales en sabrosura.

La canela es tan fina como un violín afinado en una esquina de luz.

El azafrán me hace pensar en David, con su risa ronca y ese afán de agotar los momentos con las manos ávidas de caricias.

 Estornudo con la pimienta y simultáneamente pienso  en la noche que se escondió en uno de mis recuerdos de la infancia.

La calma está tendida afuera. Plácida en serenidad. Un grillo la alborota por momentos y el desconcierto gira noventa grados hacia el sur. La escafandra se despierta de sus profundidades de soledad y por una fracción de segundo, se imagina volando lejos del tiempo.

Estoy aniquilada por la luna, que arriba del tejado, pende redonda de mis ojos