domingo, 12 de abril de 2015

EL MUERTO ESPERABA

Llovía. El reloj apresuró su marcha y una campanada puntual y metálica se desprendió de la torre de la iglesia. Olía a muerto y a sancocho de domingo. Los helados se derretían de su cucurucho de galleta y embadurnaban los dedos, las manos, los brazos y los codos de los chiquillos, que sin remilgo alguno, lamían esas vereditas de vainilla y ron con pasas. El calor era húmedo y sofocante. Los sudores y los olores no gratos de las axilas, se entremezclaban con los vahos de la tierra caliente y los perfumes de las flores cortadas para la ocasión. El muerto yacía lívido, como debía de ser, dada su situación, esperando tan solo la ceremonia para encaminarse con su cortejo a su última morada. Los vecinos  no se decidían a dejar el cobijo de su casa para encaminarse a la iglesia, sabían que esos goterones que tiraba el cielo, eran un presagio que intensificaría el calor, el sudor y los malos olores. Si tan solo el muerto no hubiera sido buena persona, si tan solo la gente no criticara por no llegar al entierro, si tan solo el muerto no hubiera tenido la ocurrencia de morirse justo ahora... El calor calcinaba y la lluvia se había ido tan intempestiva  como había llegado. Las calles seguían calladas y frente al altar, el muerto esperaba. Afuera ya no llovía.

jueves, 19 de marzo de 2015

EXABRUPTO DE ALEGRÍA

Cuando salió a la calle le fue imposible dejar atrás sus preocupaciones. El día le parecía un despilfarro de luz que se estrellaba en los tejados y  banquetas. Los automóviles corrían a gran velocidad dejando un reguero de reguetón, salsa y romanticismo de los años setenta. Todo parecía un exabrupto de alegría, pero el bullicio y ese espejismo de felicidad, no era suficiente para abstraerla de la oscuridad que llevaba dentro. Veía rostros de personas que iban y venían y la alegría y la tranquilidad que reflejaban le parecía un insulto, una agresión. 

Cada vez le era más difícil sobreponerse al dolor. El peso que sentía en su corazón le parecía un saco de renuncias. A estas alturas, el cáncer que meses atrás casi la había derrotado obligándola a maldecir incluso a Dios, ahora no parecía tener importancia. Tampoco la hipoteca de la casa, ni los números que se acumulaban en su tarjeta de crédito. De una u otra manera, esas situaciones podría solventarlas, ¿Pero cómo enfrentar la pérdida de Ramirito? Su pequeño sol, la razón para despertarse cada día a pesar de los dolores y las angustias. El único ser sobre esta tierra capaz de darle el aliento necesario para seguir. Sabía que si no encontraba a tiempo la medicina, no habría nada más que hacer.

El anuncio de neón titilaba alegremente de rojo a morado en la distancia. Unas cuadras más, pensaba. El semáforo no titiló, cambió abruptamente de amarillo a rojo y no se percató que el anuncio de neón estaba cambiando a negro.

lunes, 9 de marzo de 2015

ANIQUILADA POR LA LUNA

Fotografía: Araminta Gálvez
Parpadeo una y otra vez como una libélula apagando el sol.


Los olores de la cocina llegan a mi nariz puntuales en sabrosura.

La canela es tan fina como un violín afinado en una esquina de luz.

El azafrán me hace pensar en David, con su risa ronca y ese afán de agotar los momentos con las manos ávidas de caricias.

 Estornudo con la pimienta y simultáneamente pienso  en la noche que se escondió en uno de mis recuerdos de la infancia.

La calma está tendida afuera. Plácida en serenidad. Un grillo la alborota por momentos y el desconcierto gira noventa grados hacia el sur. La escafandra se despierta de sus profundidades de soledad y por una fracción de segundo, se imagina volando lejos del tiempo.

Estoy aniquilada por la luna, que arriba del tejado, pende redonda de mis ojos

jueves, 19 de febrero de 2015

UN DÍA DE LUZ

Fotografía: Araminta Gálvez
Lina estiró los brazos y las piernas tratando de escaparse de los fantasmas de la noche. No abrió los ojos. Sabía que el día había llegado lleno de sol, lo sentía por los rayos que atravesaba los visillos de la cortina y empezaban a calentar sus mejillas.
Los pájaros charlaban alegremente en los encinos y nogales de la vecindad.
La gente había despertado tan temprano como siempre y como autómatas, se enfrascaban en los quehaceres cotidianos.
Ella podía escuchar claramente, cómo el agua se deslizaba por los reposaderos llevando consigo un gorgoriteo de espuma y de minúsculas cascadas. Los pasos de la señora del 4 se escuchaban arriba. Con la inseguridad y la soledad de siempre. Lina los había contado muchas veces y se los sabía de memoria. Era como si la ciega fuera la del 4 y no ella. Tan exactos sus pasos siempre. Tan previsibles. Tan desolados. Y de pronto la puerta se cerraba con un golpe seco y el silencio derramado en la habitación que quedaba a oscuras, como ella.
Al lado los González se movían como si no tuvieran alma. Destrozaban el silencio sin consideración. Las ollas y sartenes parecían las armaduras de feroces contrincantes en el campo de batalla. Los olores de las frituras llegaban hasta ella alborotando su hambre. Las carcajadas y el noticiero a todo volumen hacían enmudecer a los chicharacheros pájaros de los encinos y los nogales de la vecindad. La fiesta parecía estar siempre en su apogeo, pero a las seis en punto, el tumulto se callaba y Lina con lentitud abría los ojos imaginando
un día de luz, en el que las sombras no existieran para ella.

domingo, 8 de febrero de 2015

SABINA

Fotografía de; Araminta Gálvez
El cielo se le desprendió de los ojos y no se dio cuenta del espectáculo en acuarelas que le daban la bienvenida a la noche. Le dolía el pecho. Tenía una sensación de vacío en el estómago. Un palpito inusual en el corazón y unas ganas incontrolables de cerrar los ojos para no despertar nunca más. ¿Para qué? Si el futuro no le representaba ya ningún estímulo, ningún incentivo, mas bien se había convertido en un dolor constante, un miedo a abrir los ojos y encontrarlo allí... vibrante, prometedor, incierto y cruel. El maldito destino..
.
Sabina tomo el frasco de pastillas y con lentitud las contó, colocando cada una de ellas sobre su regazo. Veintitrés en total. 

Llevaba puesta la falda azul, la que tenía salpicaduras de estrellitas blancas y minúsculas. La que le había regalado Ezequiel justo antes de de que lo atropellara el camión  <<Te regalo el cielo>> le había dicho con sus ojos de enamorado. Y luego el estruendo Y el espantoso chirriar de las llantas Y el insoportable olor a aceite quemado y a sangre fresca  y la muerte arrancándole de cuajo la vida a Ezequiel Y su cara de susto y  ternura y desesperación por dejarla tan pronto, y la muerte tan puntual y la vida tan indiferente y las pastillas en su regazo.....

Pone una a una las pastillas sobre su lengua imaginando que es una de las estrellitas de su falda. Las traga con serenidad mientras siente como se le calma el corazón y sus  ojos se cierran.

Afuera la noche sigue con su espectáculo de sombras y colores.

jueves, 29 de enero de 2015

AGOBIA EL OLOR A CAFÉ


Fotografía; Araminta Gálvez
Siria se deshizo de las malas miradas de la fotografía que colgaba de la pared, y entretuvo las horas silbando una canción derrumbada por el dolor de un amor abandonado. 

Su cabellera ya no lanzaba destellos rojos, ni serpientes somnolientas. Ahora se le derramaba por el cuello en un giro voluptuoso de cronopios multicolor. 

Le incomodaba saber que una de sus medias, la izquierda para ser exactos, estaba raída justo en la pantorrilla y el Quijote se dio cuenta de ello, pero trató de disimularlo y sin más preámbulo se enfrentó con sus molinos.

La joven se ató la vergüenza al rostro y con disimulo trató de poner una a una, las margaritas y los claveles, en el florero que esa mañana había visto en el estante de la tienda de ambigüedades.

Llegó la tarde de romplón.


El sofá se le insinuó junto a la ventana a Fermín. Los pájaros cayeron como frutos. La luz invade la penumbra del recuerdo y aparecen los pecados que alguna vez quisieron olvidarse. Agobia el olor a café y a pan con mermelada de las vecindades del olvido. 

Los sartenes charlan en la cocina,  el reloj hablafuerte con su voz metálica, las noticias cuentan los muertos por docenas y Kant, Freud, y La Fallete, le abren un agujero negro a la censura cósmica. 

sábado, 24 de enero de 2015

COMO LA NOCHE AL SOL


fotografía: Araminta Gálvez



Soy una luz apagándose en silencio
una vela sin mar, sin vuelo el ala
un destino sin rumbo que sentencio
hiriéndome la vida como bala.

Soy el ayer despojándose los miedos,
tratando de surgir de la tiniebla,
con vértigos, disturbios y con credos,
que amortiguan la luz como una niebla.

Soy un templo que ante ti está deslumbrado,
como la noche al sol, la lluvia al río,
y el trigo al campo que aun no está labrado

ante tus ojos, yo me siento un crío
que de la oscuridad se ha liberado

dejando atrás el miedo y  también el frío
.

jueves, 22 de enero de 2015

AGUACERO

Fotografia: Lizeth Gálvez
El silencio estaba oculto en el tumulto de la calle. El aguacero se anunciaba por lo grande en el aire. Olía a desgracia, a vientos de muy lejos, a ráfagas de metralleta de Dios. La oscuridad amenazo la luz del sol que, con la cola entre las patas, se escurrió a otros confines. 
Los paraguas aparecieron como oasis multicolor. 

Las gotas, pesadas y transparentes, tantearon el camino. Unas por aquí, otras por allá... pero de inmediato, sus huellas fueron absorbidas por el aliento de la tierra. El aire se espesó y el gris campeó por los confines de la tierra. Las hormigas y las aves se hundieron en sus guaridas de sueños colapsados. Las ranas y los sapos croaron de contento preparándose para su fiesta de lodo y humedad. 

Sin misericordia, el cielo se rompió como una panza parturienta.
El caos reinó sin sutileza, abundante y prospero en desastres.
Los tragantes y los techos, derrumbados por el liquido vital desprotegieron la vida.
Y fue entonces cuando en la cocina el fogón reinó como un sol de medio día.

lunes, 12 de enero de 2015

ACOMPAÑADA POR LA TARDE

Fotografía: Araminta Gálvez
La tarde sabe a pan con mantequilla derretida entre la boca,
boca sabia que se entrega sin condiciones al beso,
beso que amarra el cielo con la tierra,
tierra que acoge en su seno la semilla,
semilla que se abre con estruendo de vida,
vida que alivia el palpito de la luna y de la hormiga,
hormiga que serena avanza
acompañada por la tarde.

martes, 6 de enero de 2015

HOJAS SECAS

Fotografía: Araminta Gálvez





Tiemblan las hojas previo a su caída,
un hombre llega
y se bebe con los ojos la distancia.
Huele a río serpenteando en el recuerdo,
con mis pies niños
hundidos en las aguas,
y descalza,
mi alma se zambulle
entre las mariposas amarillas,
como soles inquietos
              y vagabundos de luz