jueves, 22 de enero de 2015

AGUACERO

Fotografia: Lizeth Gálvez
El silencio estaba oculto en el tumulto de la calle. El aguacero se anunciaba por lo grande en el aire. Olía a desgracia, a vientos de muy lejos, a ráfagas de metralleta de Dios. La oscuridad amenazo la luz del sol que, con la cola entre las patas, se escurrió a otros confines. 
Los paraguas aparecieron como oasis multicolor. 

Las gotas, pesadas y transparentes, tantearon el camino. Unas por aquí, otras por allá... pero de inmediato, sus huellas fueron absorbidas por el aliento de la tierra. El aire se espesó y el gris campeó por los confines de la tierra. Las hormigas y las aves se hundieron en sus guaridas de sueños colapsados. Las ranas y los sapos croaron de contento preparándose para su fiesta de lodo y humedad. 

Sin misericordia, el cielo se rompió como una panza parturienta.
El caos reinó sin sutileza, abundante y prospero en desastres.
Los tragantes y los techos, derrumbados por el liquido vital desprotegieron la vida.
Y fue entonces cuando en la cocina el fogón reinó como un sol de medio día.