jueves, 1 de mayo de 2014

SUICIDIO IRREMEDIABLE


Fotografía: Araminta Gálvez
Con la anchura de las palabras me alfombraste el alma, y no me importó que el frío hiriente del tiempo incrustara sus agujas en mis huesos. 

Tampoco me importó ver cómo se cerraba la puerta del desaliento tras  mi espalda.

La semilla  cayó en tierra fértil y mi cuerpo se desbordó de vida. 

 La esperanza torturó con insistencia a la noche engarrotada en mi camino. Fue su verdugo hasta que la sintió crepitar en abandonos, entregándose sin resistencia ante su brillo.

 Entonces mi  vigilia se proyectó hacia tu sombra. Mis tímpanos se abrieron a tu voz y en el subsuelo de los siglos sigue vibrando en mi memoria. 

Corregí el rumbo de mis sentimientos y los dirigí hacia el abismo de tus ojos. Y me entregué a ellos de por vida.

Palpitó la tierra bajo nuestros pies y en el destino, nuestras raíces se encontraron. Sin karma, sin dolor, sin renuncia. Tus ojos anclados en mi puerto. 

Era otoño. 


Las buganvilias se enfrentaban a un suicidio irremediable. Se desprendían sin futuro y sin verdor. Los muñones de sus  ramas, desesperadas por la ausencia, reventaban en brotes como pústulas en flor. Se torturaron con vida demorada en clorofila. 


Heridos de vida… como yo de ti.