viernes, 10 de mayo de 2013

¡PUFFF!..


Voy dando zancadas grandotas detrás de los pasos de papi. Parezco una ranita que lo persigue.
Él es un gigante. Levanto mi cara entera y lo miro desde abajito. De aquí sobre la tierra.
Y lo miro.
Y me doy cuenta que con su cabeza toca las nubecitas del cielo.
¡Es un gigante de los de verdad!
Yo no quiero que sus huellas se queden solitas. Pueden caer hilitos de agua y hacer que se escurran como esa agüita que sale de mis ojos y se resbala por mis cachetes.
O puede caer un aguacero de esos que dan mucho miedo y las harán desaparecer.
¡Pufff!
¡Dios me libre!
Otra cosa que me da susto, es que se queden solitas cuando la noche se cae de arriba y nos tapa los ojos a todas las gentes y ya no podemos ver nada.
Por eso salto detrás de él.
Con mis piecitos abrazo las huellas que van dejando sus piesotes.
Y me canso.
Y no puedo ver los pajaritos que tanto me gustan, ni las nubecitas que hace rato me vienen siguiendo.
Mi papi no se da cuenta de todos los abracitos que le voy dando. El piensa de seguro que salto porque tengo ganas de hacerlo. Porque soy chiquita y traviesa. Y porque tengo pecas en la cara.

Pero yo voy siempre detrás de sus pasos mientras él va abriendo los caminitos...