miércoles, 15 de mayo de 2013

LUJURIA DE CHOCOLATE



Le lame larga y dulcemente el ombligo.
                 Absorbiendo.
                                 Penetrándolo con la punta lujuriosa de su lengua eficiente y precoz.
Deteniéndose en los pliegues y rinconcitos en los que el chocolate con su textura de seda y su sabor a gloria, se oculta de la sabiduría de su nariz.
Su ombligo es como una espiral rosadita. Una leve hondonada con profundidades misteriosas. 
Un receptáculo perfecto para su insaciable sed de dulzuras.
Su aroma es indescriptible y atosiga de deseos todos sus sentidos.
El tacto se derrite ante su consistencia blanda, serena y mantecosa. Los ojos se le desviven por abarcar su moreno color surcado de celajes sabrosos. 
Su olfato se desmaya y resucita bendecido con la maravilla de sensaciones que lo invaden.
Sus oídos se alertan ante los silenciosos recorridos de corrientes que recorren su vientre embarrándolo de dulzura, pero sus lengüetazos diestros y oportunos detienen su ímpetu oscuro y brillante.
Ella se deja hacer.
                      Inmóvil. 
                                         Impasible.
Con el cabello ensortijado en dorados y rojos. Enmarañados en una cascada de rizos de ensueño. Tendida a lo largo.
Desnuda y dorada por el sol del último verano. 
El sol que ahora fisgonea entre los tules de la ventana no es el mismo.  Está intrigado por la lujuria de la lengua afanada en recorrerla. En poseerla con avaricia, con ese músculo fálico que se relame y la relame.
Saboreándose.
                                Saboreándola.
 El jazz se derrama persistente en los oídos de las paredes y del cielo falso de estrellas. 
El teléfono, con su voz de noticias timbra sobrecogido por el silencio.  
                                               Nadie responde...
hay bruma de suspensos…
cenizas desfiguradas de ocasos y sirios 
              que rumiando pesadumbres 
                                                se disfrazan de olvidos y silencios...
                                y como aves de mal agüero
                            se ciernan en los ojos rebalsados de muerte y chocolate…

El Bichón maltés ya satisfecho se acurruca muy cerca de su ama.
Esta vez, la espera a que despierte será demasiado larga.

Junio 2012