viernes, 10 de mayo de 2013

¡¡¡¡CUIDADO!!!!...

Como una maldita sombra te persigue. Siente su tufo resoplando en tu garganta. En tu nuca. Detrás de tus orejas. Te habla quedo. Sin palabras. Sin sonidos. Omnipresente en tus miedos. Erizándote la piel. Mírate esos vellos erectos en los brazos. Chinitos como puercoespines de alfileres. El hielo gélido de brillos hace nido en tus entrañas y el temblor se te cobija entre las piernas. Lo sabes. Lo sientes. La presientes tras de ti. No voltees. Podrías no resistir esas cuencas sin ojos que te miran. Que te hurgan y te desnudan de cualquier vestigio de razón. Se inmiscuye en tus silencios y te abraza. Y su escalofrío  te recorre en tus puntos cardinales arrastrándote hasta las profundidades perdidas del olvido. ¡Cuidado! No avances. No te detengas. No oses desafiarla con tu ira. No rías, tu risa desencaja su impaciencia. No mires, aborrece la luz de las miradas. No cantes, que estallan en furia sus infiernos. No atrases los horarios del recuerdo, que sus agujas se enfilan en picada al descalabro. Resiente del cadalso que amortigua el cabrón estropicio hacia el abismo. ¡Cuidado!... que te hace prisionero del pecado de la vida. Cuantificando Ave Marías que reconfortan almas… Dios te Salve… el señor es contigo, conmigo, con todos…
La escuchaba y sentía el corazón en mi garganta, atorado con mis miedos y recelos. Desnudo el cielo de lunas y de soles que alumbraran mi falta de protección.
—Mamá está loca —me dije al fin. Es irremisible, tengo que afrontarlo.
La locura es mi sombra. Siempre lo he sabido. Es mi sino desde el día en que nací…
Tomé las tijeras de la mesa de noche y me paré decidida ante al espejo. Me encontré con unos años más que la última vez que visité mi imagen. Complacida ante la belleza indiscutible de mi cabellera desbordada en rizos rojos que atraían ojos y deseos infinitos, procedí a tomar un mechón y a cortarlo sin miramientos. Luego otro y otro y otro. La forma ovoide de mi cráneo me divirtió y mi cabeza pelona surgió sin tropiezo ante mis ojos durante la iniciación del rito indubitable de encarar a la locura. 
…no mires para atrás…