miércoles, 27 de marzo de 2013

¡YA NO MAS...!

El desgarramiento silenciaba la vida de sus pulmones ocupados en cuerpo y alma en atenuar los efectos del mísero aire que propulsaban. Los dolores instalados en cada resquicio de su cuerpo se intensificaban con cada respiración. La luz entraba con sigilo por sus ojos demudados por el sufrimiento.
Shopán ya no era suficiente para aplacarlo.
La morfina tampoco.
La insistencia de la vida de asirse a sus huesos y pellejos lo desbalanceaba. ¿Cómo resistirse a ella? ¿Cómo desprender su fragilidad de esa fuerza robusta, consistente y vital?
Los instantes perdieron la dimensión del tiempo y se hicieron eternos. Los días y las noches distanciaron su encuentro. Sus ojos extenuados hablaban a gritos pidiendo compasión. La incalculable hermosura de la vida era una carga demasiado pesada para las fuerzas que ya no le quedaban. Y la inmensa osadía de tragar una cucharada de sopa solo era comparable con escalar el monte Everest.
Maximiliano no quería, ni tenía fuerzas, ni motivos suficientes, para maldecir la hermosa vida que lo había sumergido por treinta y seis años en la sorpresa, el asombro, la lucha y la pasión. Se le entregó como un amante incondicional dispuesto siempre al descubrimiento, pero en este momento solo quería cerrar los ojos y abrazarla mientras se le desvanecía por el cuerpo.
La jeringa ya contenía su carga mortal.
Julián le demostró su incondicionalidad y la dejó al alcance de su mano.
Rogó porque su pulso no lo traicionara. Introdujo meticulosamente la aguja en el suero que hidrataba sus cañerías agotadas. En un desborde de osadía reunió las miserables fuerzas que le quedaban y presionó.
Las transparencias se encontraron y se refocilaron con la vida y con la muerte.
Una de las dos saldría vencedora.
El nocturno para piano de Shopán se impuso en el silencio de esa tarde lloviznada de sanates y no me olvides.  
Septiembre 2012