miércoles, 27 de marzo de 2013

TERRITORIO TOMADO

Al sentir ese putrefacto olor, mezcla de desechos humanos y carne en descomposición, sentí la urgente necesidad de vaciar allí mismo la chuleta de cerdo y sus maravillosas grasas y el puré de papas degustado hacía no mucho. Ahora de nada servía el arrepentimiento por mi voracidad durante el almuerzo. Las arcadas se intensificaban y era casi inútil mi esfuerzo por contenerlas.
Dejé de respirar, desesperada para no sentir esa hedentina, obligué a mis pensamientos
                                                     a transportarme a otro lugar.
Las montañas delineadas en la distancia fueron mi salvación.

Las imaginé emborrachadas de trinos, frescura y semillas que en sus entrañas ocultaban bosques enteros.
Intuí su frescura y esa brutalidad de olores a tierra húmeda, descompuesta y configurada por millones de vidas minúsculas que morían y sobrevivían devorando y siendo devoradas.
El rocío, con sus caudales de brillos e iridiscencias, se posaba en el temblor de las hojas, al tiempo que el sudor irreverente se deslizaba hasta la división de mis pechos, estremeciendo mi soledad.
Relajé cada uno de los músculos y órganos de mi cuerpo.
Sentí las paredes de mis costillas abrazándome el corazón.
Escuché su ritmo de percusión mientras me drenaba la vida.
Tomé conciencia del estallido de ruidos secretos que abarrotaban mi abdomen.
Me identifiqué con la suavidad de líquidos que amortiguaban mis ojos defendiéndolos
del impacto de luz y color, que sin misericordia, constantemente me poseían.
Sentí la suavidad de mi sexo abierto a esas tenues palpitaciones
que lo aletargaban unas veces y otras lo hacían desfallecer.
Desesperada por la falta de oxígeno, en un acto de valor extremo y por no tener otra salida; me enfrenté abruptamente a la repulsión y al asco incontenible del putrefacto cadáver que yacía desnudo, invadido por pequeños fantasmas que ya habían colocado su bandera de podredumbre y que a fuerza de pestilencias y excrecencias, declaraban ese territorio como suyo.
EL CUERPO ESTABA TOMADO Y MI AMARGURA TAMBIÉN.
Lo observé aparentando seguridad, manipulando mis emociones y desviando los sentimientos hacia el rincón del intelecto y la cordura.
El amor aquí nada tenía que ver.


  • Ese hombre no podía ser el cuerpo al que me había abrazado pocos días atrás, aletargada y completamente desposeída de resistencias.
  • § Ese hombre no podía ser el mismo que me impregnó de su olor y de sus palabras exactas en el momento preciso.


  •  Ese hombre no podía ser el mismo que me arrancó la vida y que me la devolvió desbordada de placer y sensaciones.
Era imposible.
  Inconcebible                                                  Pero sin duda... Era ÉL.
Firmé la hoja de identificación y esta vez, no tuve que hacer ningún esfuerzo para imaginarme un mundo vivo, porque aunque te parezca irónico, vida mía, tu cuerpo, tu maravilloso cuerpo, ahora es lo más cercano a un bosque, en el que millones de vidas minúsculas te sobreviven...
devorándote…
Octubre 2012