sábado, 23 de febrero de 2013

LA JAULA

Me observo en el espejo buscándome en el reto de esos ojos que me miran fijamente.
Incursiono en sus mieles traicioneras que se camuflan en ocres, sienas, verdes y hasta en negros.

Sostengo el grafito entre mis dedos y en el lienzo delineo mi cabeza.
Cotejo en el espejo.
Es ovoide, creo.
Encajo ojos, nariz, boca y orejas. Odio mis cejas, arqueada una, la otra recta.
Inquisitivamente me miro en el espejo descubriéndome un lunar que no había visto antes y unas arrugas
(líneas de expresión) que se acentúan día a día… Le doy forma a mi frente ancha (inteligente creo). Delineo
mis mejillas y barbilla. Mi cuello no es esbelto pero sostiene firmemente mi cabeza.
Me retiro y veo mi boceto a la distancia.
Un leve aire de mi se me aparece.
Un pronunciado aire de mi, desaparece.
Retoco ojos y boca. Enderezo la nariz y alargo mi barbilla. Y mientras mis ojos se alternan entre el espejo y
 el boceto, me veo surgir en forma muy cercana a mí.
Dispongo mis pasteles en la mesa y empiezo a darme vida con colores. Rojos, naranjas, blancos, amarillos y
violetas. Mis ojos cobran vida. La risa se insinúa en mi boca. Mi gran nariz, recuerdo de mi padre, se planta
altiva y desafiante.
Mi cabellera alborotada es el problema.
Me deshago de ella y decidida, la enrollo en lo alto de mi cabeza.
Un nido se aparece como magia.
Pero un nido sin pájaros no es nido, pienso.
Y en respuesta mis manos vuelan dibujando pájaros de mil colores.
A mi alrededor no hay vuelos rotos, solo aleteos celebrando vida.








NOS RETAMOS ENTONCES.

Mi autorretrato me mira fijamente y sin entender el poderío de su mirada y el impulso inescrutable que me 
guía, con trazos firmes y seguros en muy pocos minutos, yo quedo enjaulada.

septiembre 2012