domingo, 24 de enero de 2016

NO HUBO PALABRAS

Se acercó con sigilo para no alertarla, pero su aliento a ginebra se le adelantó. Mariana se tensó, pero no dejó de planchar la camisa.  Una y otra vez pasó la cara caliente de la plancha tratando de terminar con las arrugas invisibles.

Julián se detuvo a pocos centímetro de ella. Se desabotonó la bragueta. Levantó la falda de popelina de la mujer. La abrazó por la cintura y con el miembro erguido arremetió por entre la ropa interior y la penetró sin ningún preámbulo.

Mariana se mordió los labios para no gritar. El dolor era intenso y sangrante.

No hubo palabras. No hubo resistencias ni jadeos. Solo posesión, solo imposición.

El acto fue rápido pero el dolor le duraría toda la noche y seguramente todo el día siguiente.

Como tal cosa, Julián se metió la camisa dentro del pantalón y cerró su bragueta. Caminó hasta la cocina y destapó la olla que estaba sobre la hornilla. Agarró una cuchara, y durante un buen rato estuvo con la cuchara de la olla a la boca.


Mariana terminó de planchar la camisa. Debía ir por los niños a la escuela. No tenía tiempo para llorar. Mañana, con un poco de suerte, tendría tal vez, un mejor día.