martes, 6 de agosto de 2013

LA ESPERA

La calle sostenía el paso del tiempo con férrea resistencia. Lo recuerdo bien. El humo escapaba por la chimenea y se mezclaba sin prejuicios con el smog de la calle. El estruendo del ruido hirió entonces nuestra conversación y por más que grité y me esforcé por escucharte, solo me llegaron retazos de tus palabras. Si hubiera sabido que era la última conversación que tendríamos te habría arrastrado a un café para ampararnos del bullicio y saborear la maravilla de tu voz, con esa gravedad y seseo que me acariciaba los oídos y con esa gracia con que contabas cualquier cosa. Con la maestría de tu oratoria convertías lo insignificante en trascendental.
Dibujo a lápiz sobre papel fotográfico
Araminta Gálvez 2009
Si hubiéramos tomado ese café tal vez el tiro no hubiera impactado en tu corazón. Tal vez el destino hubiera tomado otro camino. Tal vez seguirías vivo y a mí no se me habría roto el corazón. 
Vamos al parque , me dijiste. Tengo ganas de ver caer el sol. 
Y yo no lo dudé. ¿Cómo iba a dejar de acompañarte si andar contigo era como tener asegurada la felicidad? Entonces abandoné la costura y mis ansiedades y emprendí el camino contigo. ¿Pero quién iba a decirme que la muerte te esperaba? ¿Que tu cuerpo no sería suficiente escudo para esa bala menuda que sin aspavientos y sin misericordia  se te incrustó en el corazón?
Después supe que sabías que la muerte te esperaba. Tu carta me lo constató. Y no entiendo todavía por qué no te escapaste. ¿Por qué no buscaste ayuda? ¿Por qué la encaraste? Y por sobre todo, ¿Por qué me obligaste a estar allí?
¿Recuerdas lo que hablamos esa tarde? Te prometome dijiste, que si yo muero primero vengo a visitarte. 
Pero el tiempo pasa y ya me he olvidado de tu rostro y debo acudir a las fotografías para traerte de nuevo conmigo.Y cada vez me cuesta luchar contra la mala hierba que se aferra a tu tumba y a mi memoria. Y me encuentro muchas veces pensando que fuiste  una ilusión. Otras veces me asusto al pensar que si ahora regresaras  a cumplir tu promesa, no reconocerías a esta vieja que tiene ya los ojos secos y cansados de esperarte.

febrero 2013