miércoles, 17 de julio de 2013

SUEÑOS HUMEDOS


El río, sin ningún juicio y desbordado de su cauce, inunda las casas curioseando por todos los rincones con su espuma revoltosa y sus olas definitivas. 
Hace tambalear la verticalidad de las sillas y de las mesas, agobia con humedad el calor de las alfombras, y provoca la infidelidad de las zapatillas que separada una de la otra, naufragan sin destino.
La marea sube meciendo la cama donde el sopor hunde a Eduardo en sueños húmedos, tan reveladores y vívidos, que nada tienen que ver con la invasión de aguas turbulentas, que arrastra y vence la fragilidad de las paredes.
Como fantasmas en desvarío, las cartas guardadas como un tesoro en la caja de zapatos, sobre un estante del librero, ahora naufragan  junto a esas palabras que hablaban de amores.
El tumulto de las corrientes llena la habitación desbordando botellas sin mensajes de salvación, cigarrillos que nunca serán encendidos, víveres descolocados de las alacenas, pertenencias desaparecidas por siglos enteros y solo encontradas gracias a la acuciosidad del agua insistente y voraz, que no perdona nada.
Desde el prehistórico radio a transistores, Edith Piaf se sobrepone a la debacle con el portento de su voz, que dentro de muy poco también será callada e inundada de vacío.
 Ante el constante balanceo de su cama, que lo mece como un vientre maternal, Eduardo se profundiza más, aprovechando la testosterona que se le derrama en el desconcierto de su inconsciencia, imaginando los muslos forjados en bronce, que se le abren prometedores a su encantamiento, sumiéndolo en las honduras del placer. Ese minúsculo lugar indescifrable e inexplicable contiene para él todas las razones de la existencia y con pericia y sabiduría dirige su instrumento hasta explotar, justo allí adentro, en una lluvia dorada y en lava hirviendo que libera y aligera su miembro.
Las correntadas se confunden y sin percibirlo, Eduardo muere  y es arrastrado por esas turbulencias que vencieron la resistencia de las paredes y que ahora huyen calle abajo, buscando otras guaridas para contener su ansiedad.
Con su  ímpetu de huida el río arrastra piedras descomunales, automóviles y vidas desconcertadas y frágiles que pasaron de los sueños maravillosos a las impenetrables pesadillas de la muerte.
Febrero 2013