lunes, 29 de julio de 2013

EL FILO DEL SILENCIO ERIZA LA PIEL DE LA TARDE

El filo del silencio eriza la piel de la tarde. De puntillas, las nubes recorren el universo de los ojos. 
Brota la humedad del tiempo abrasado al pasado. 
Dibujo y acuarela de Araminta Gálvez
Concilio mis rodillas en las palmas de mis manos que aletargadas despiertan complacidas al placer. Se hacen nido los miedos en la noche teñida de penumbra y desconsuelo.
 Reposa la voz de la piedra mansa de movimientos. Los estertores del corazón naufragan en el delirio acurrucado en el encuadre del pecho. Arrulla el tañido incipiente del bronce mujer que llama a misa y naufraga en la boca el sabor de las palabras. 
Los pasos de la lluvia truenan en la distancia azul anidada en el sur de la brújula.
Los relámpagos culebrean los ojos sorprendiendo a la oscuridad. El almanaque se desgasta día tras día sin poder recuperar jamás sus pérdidas. Aboga el caracol por un predio donde instalar su casa nómada al tiempo que el sapo templa su panza de tambor parsimonioso, previo a la canción del pantanal. Recoge la campana sus tañidos mudos de estridencia y la misa desentraña al mismo tiempo los pecados y el perdón. 
La tarde y su modorra re aparecen con sigilo.

La amenaza del peligro ensombrece la cordura y el embrujo de la luna acondiciona levemente el corazón. 

Julio 2013