viernes, 7 de junio de 2013

EL COLIBRÍ

La oración de la mañana reflejaba su desesperación y hastío
                                                                         por una vida sin motivos aparentes para seguir. 
Las puertas estaban cerradas y las ventanas solo mostraban a sus ojos desolación. 
Tragó con dificultad los alimentos y deseó morir 
                                                 y terminar de una vez y para siempre con sus miserias.

Entonces un vuelo desconcertó sus pensamientos...

Creyó ver con el rabillo del ojo un ave pequeña que atravesaba vertiginosa la sala y el comedor 
y se encaminaba rauda por el pasillo a una de las habitaciones. 
Era un colibrí, 
parecido a un suspiro suspendido en vuelos alocados 
                                                                      que buscaba una salida chocando contra las ventanas.
La desesperación del ave estaba encerrada en muros de ladrillo y cuadros desposeídos de bosques. 
Se alzaba agitando desesperado sus temores y se estrellaba irremisible en las paredes y en el estante inundado de Borges, Cortázar y Jorge Amados. 
Luego de un receso para recuperar su corazón, emprendió con el espíritu renovado una y otra vez el intento de buscar una salida.


Un aire leve entró en la habitación y como si le estuvieran tendiendo un puente invisible hacia la salvación, el colibrí salió volando hacia el jardín llevándose consigo los ojos de Luna, que gracias al colibrí, había encontrado su salida.
Junio 2013